Fronteras Mentales
¿De qué se trata? ¿Cómo es que se puede superar?
Lic. Evelyn Wilhelm
3/20/20264 min leer


En principio, explicarles esto me parece superimportante porque es aquí donde inicio esta marca oficial, "Fronteras Mentales"; esta página, este proyecto que cada vez toma una forma más grande, que ya no sé hasta dónde incluso podrá alcanzar, pero de lo que sí estoy segura es de que es un camino de éxito.
Me han preguntado en varias ocasiones, en diferentes entrevistas: "¿Cómo es que surgió Fronteras Mentales?". Y la realidad es que tiene una historia interesantísima que me gustaría compartir con vos. Tal vez haya un ida y vuelta contando un poco el trasfondo para que puedas entender mejor la esencia del concepto, pero deseo que cuando termines de leer esto no te lleves solo una definición, sino una inspiración. A veces, el mapa de nuestra vida necesita ser redibujado desde el coraje.
Cuando yo tenía 21 años, vivía bajo el peso de la claustrofobia y los ataques de pánico.
Si tenía que practicar danza en un octavo piso, mi mente ya estaba calculando el esfuerzo antes de llegar: me aseguraba de subir los escalones uno a uno, sintiendo el aire frío de la escalera, con tal de no tener que subir al ascensor. Era una incomodidad punzante; esa ansiedad que empieza como un nudo en la garganta y se convierte en un miedo que te acelera el pulso hasta la frustración.
Por supuesto, que cada día el mundo se sentía más estrecho. Estaba cansada de relatarme como la persona que tenía que hacer ese tipo de acciones "raras" sin poder tomar las cosas de una manera, pongámosle, "normal" —si es que eso existe—.
En todo ese proceso de cuestionarme, de crecimiento personal, decidí que no podía seguir habitando una vida limitada, entonces, finalicé una relación de pareja, decidí enfocarme realmente en mis estudios Universitarios —que en principio, por un cáncer que habría sufrido mi padre, habían quedado en pausa— y después, alimenté el deseo de viajar.
Tomé la decisión de viajar a un lugar que me presionaba a irme sola, a una casa de host family —personas que te alojan—, en un país diferente, con una lengua diferente, durante tres meses y con casi 24 horas de viaje en avión —el cual se considera un lugar cerrado y en altura—. Este proyecto para quienes me conocían sonaba descabellado pero diferenciarme de esa concepción sobre mí, me estimulaba aún más a continuar. Para sorpresa de muchos, logré hacer ese viaje y sin embargo, fue el puntero de muchísimos más que vinieron luego. Incluso hasta varios días en barco.
En ese recorrido aprendí una lengua, conocí personas, aprendí a ver la fortaleza que tenía: aprendí a enfrentar un miedo, a cambiar el concepto de mí como alguien que no podía: " que era incapaz o no era suficiente". Lo cambié por un concepto que día a día me sorprende para bien más y más; lo cambié aceptando que uno sí puede cambiar y que uno no es "yo soy esto" y nada más.
Lo interesante, fue que, en uno de esos viajes en avión, miré la pantalla que mostraba el mapa detallado, como ese que nos enseñan en geografía e historia con líneas políticas y nombres rígidos. Entonces, pensé en lo interesante que era ver en el aeropuerto tanta cantidad de culturas e idiomas y, continuando mi reflexión, me asomé por la ventana...
Lo que ví, internamente me dió un sacudón. No había líneas. No había fronteras. No podía distinguir dónde comenzaba USA de México, ni tampoco se veía esa frontera que los Mexicanos suelen cruzar y arriesgan su vida. Mi mente se alienó de todo ese caos político-cultural.
Encontré un mundo continuo, con diferentes texturas, colores, desiertos dorados y azules que se fundían entre sí. La tierra no estaba dividida; era yo quien necesitaba mirar el mapa para inventar una separación y distinguir el país que estábamos sobrevolando. Ahí, suspendida entre el cielo y el suelo, entendí que toda esa construcción previa que se me caía a pedazos al mirar por la ventana era, en realidad, una frontera mental.
Y como pensé en ella, invitaba a pensar cuántas otras hay a diario, cuántas creencias-construcciones nos limitan, nos encasillan a pensar de una manera cuando tal vez la realidad es otra. Ahí es cuando entendí que esas divisiones eran parte de nuestra mirada...
Con esto no quiero decir que no hay fidelidad en lo que uno piensa, sino que hay un intento de capturar algo de esa realidad, pero que en ese intento pueden faltar cosas, podemos estar equivocados, se pueden establecer ciertas creencias porque es conveniente, sirven, son funcionales... Pero así como en un momento sirven, en otro no, y ahí es donde todo eso que creíamos de una forma cae y se encuentra con la oportunidad de explorar algo nuevo, de construir. A eso le llamo "superar esa frontera mental" —el cual sería hoy día el eslogan de la marca—.
Por un ratito, pensá en ciertas creencias que tengas y cuestionalas por un rato: ¿Te sirven? ¿Para qué? ¿Qué sentido tienen para vos? ¿Te animarías a cambiarlas? ¿Para qué? Creo que en varias ocasiones nos damos cuenta —o no— de que nos encontramos ante una frontera mental cuando aparece el miedo, la incomodidad, la negación e incluso la represión. ¿Qué hay allí que me invita a superarme?
Compartir estos orígenes con vos me pareció superimportante porque quiero que termines la lectura sabiendo que, si hay algo que te molesta, reside el poder en vos de cambiarlo, de superarlo. Si involucra a otros, tal vez no tengas el poder de cambiarlos —y si sí, decime el secreto—, pero tal vez sí de aceptar y percibir de otra manera, barajar diferente las cartas, el juego de cómo querés vivir tu vida. Que cambies de posición, que tires abajo todas esas creencias que no te sirven o te hacen actuar como alguien que no querés "ser".
Y digo "ser" entre comillas para que te des la oportunidad también de aceptar que cambiás, que sos flexible, que tenés la posibilidad como cualquier otro. Que si hay algún área de tu vida que se siente con padecimiento, podés cambiarlo, narrar algo diferente y dejarte del "más de lo mismo".
Atrevete a confrontarte, a incluso dudar de tus creencias, de ser tan flexible que puedas tirar abajo esas fronteras-creencias mentales para construir nuevas.
Sé que sos capaz de reinventarte muchísimas veces, superar tus fronteras mentales y contarnos miles de historias.
Sólo asegurate de que el protagonista de ese cuento... no se aburra.